Hay un problema de sintonía entre los tiempos del
presidente y los de quienes reclaman hace semanas en las calles. Con una
capital sitiada y pronta a conocer la esasez de alimentos, Carlos Mesa
imaginó que podía llamar a un referendo para octubre y los manifestantes
iban a volverse a casa. Historiador y periodista, aunque político de poca
experiencia, el mandatario parece sordo al espíritu de las urgencias. No
es tarea fácil la suya, porque el reclamo no es uno, así como no tiene
un mismo sello la oposición. El rico Oriente pide una autonomía que le
asegure sus bienes y el maltratado Occidente, la formalidad de una nueva
Constitución que garantice la justicia social. No es sencillo augurar una
coincidencia feliz en agendas tan opuestas.
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